Angelo Salazar: del rock a las raíces del Perú y un puente musical con Cuba

 La música puede ser mucho más que una profesión. Para el músico peruano Angelo Salazar, ha sido también un camino de regreso a sus raíces, una forma de entender su identidad y, finalmente, un puente para conectar culturas.

Nacido en Perú y trasladado a Estados Unidos a los 12 años, Salazar vivió desde muy joven el desafío de adaptarse a una nueva sociedad. Como muchos inmigrantes, encontró en el arte una manera de integrarse, pero durante un tiempo esa adaptación también lo alejó de una parte importante de su identidad.

En la escuela secundaria se convirtió en un auténtico rockero: cabello largo, guitarra eléctrica, rock, heavy metal y punk. Tocaba con sus compañeros y llegó incluso a formar su propia banda, practicando diariamente para dominar el género.

Pero detrás de aquella imagen de joven rockero comenzaba a surgir una pregunta: ¿qué estaba pasando con sus raíces peruanas?

Un “tundete” que cambió su camino

El momento decisivo llegó gracias a una pregunta aparentemente sencilla de su abuelo.

Un día, su abuelo le pidió que lo acompañara con un “tundete”, un ritmo tradicional utilizado para acompañar el vals peruano. Angelo, que en ese momento estaba completamente concentrado en el rock y el heavy metal, no tenía idea de qué le estaba hablando.

Su abuelo simplemente comenzó a explicarle el ritmo:

“Tundete, tundete, tundete.”

Aquella escena se convirtió en una revelación. Angelo comprendió que podía tocar rock, pero no conocía suficientemente la música de su propio pueblo.

Fue entonces cuando comenzó una búsqueda personal que terminaría transformando su vida artística.

El encuentro con el folklore peruano

Su acercamiento al folklore ocurrió también gracias a su familia. Su hermana estudiaba danzas folklóricas en Fina Estampa, un lugar donde Angelo tuvo la oportunidad de escuchar a músicos dedicados a la tradición peruana.

Allí conoció al Maestro Víctor Bento, cuya manera de tocar la guitarra lo impresionó profundamente. Angelo decidió convertirse en su alumno y comenzó a estudiar seriamente la música peruana.

La experiencia fue también una escuela de humildad.

Para aprender el repertorio tradicional, comenzó a tocar junto al músico José Davi La Paz. Al principio, no lo hacía por dinero. Tocaba prácticamente por una comida y una bebida, porque su verdadero objetivo era aprender las canciones y absorber el conocimiento de los músicos que dominaban aquella tradición.

A los 19 años llegó uno de sus primeros reconocimientos económicos: recibió sus primeros 40 dólares por tocar música peruana en una fiesta privada.

Más allá del dinero, aquel momento representó para Angelo algo mucho más importante: estaba encontrando nuevamente su identidad.

De la guitarra clásica a la música afroperuana

Su búsqueda no se limitó a aprender canciones. Angelo quiso comprender la técnica y la estructura musical.

Estudió guitarra clásica y armonía en Pierce College y posteriormente buscó aprender directamente de guitarristas vinculados a reconocidas agrupaciones y artistas de la música peruana, entre ellos Perú Negro, Eva Ayllón y Cecilia Barraza.

Su filosofía era sencilla: escuchar, observar y aprender de los mejores.

Durante aproximadamente 15 años profundizó especialmente en las raíces de la música afroperuana, descubriendo instrumentos que son fundamentales para comprender la historia cultural de las comunidades afrodescendientes del Perú.

Entre ellos se encuentran el cajón, la cajita y la quijada de burro, instrumentos que no son simplemente objetos musicales, sino parte de una tradición histórica que sobrevivió y evolucionó a través de generaciones.

El cajón como lenguaje cultural

Para Angelo, el cajón representa mucho más que percusión.

Su sonido se convirtió en una especie de lenguaje que le permitió conectar con otras culturas y, particularmente, con Cuba.

Después de años estudiando las raíces afroperuanas y de tocar música cubana, especialmente salsa, en Los Ángeles, comenzó a desarrollar una idea que terminaría convirtiéndose en un proyecto cultural: “Intercambio Cultural Cuba y Perú”.

El objetivo era reconocer la influencia que históricamente Cuba había tenido en la música peruana y, de alguna manera, “responderle a Cuba” a través de la música.

Un viaje a Matanzas

La idea tomó una dimensión internacional cuando Angelo viajó a Matanzas, Cuba, con el propósito de conocer a Los Muñequitos de Matanzas, una de las agrupaciones más emblemáticas de la tradición musical cubana.

El encuentro comenzó de una manera casi cinematográfica.

Al llegar, Angelo intentó comunicarse con los integrantes del grupo, pero no logró contactarlos por teléfono. En lugar de marcharse, tomó su cajón y comenzó a tocar afuera de la casa.

El sonido llamó la atención de los músicos. Una integrante llamada Diane salió para descubrir quién estaba tocando.

El cajón, una vez más, había abierto una puerta.

A partir de aquel encuentro comenzó a construirse una colaboración basada en una historia musical compartida entre Cuba y Perú.

“Cuba y Perú”: dos culturas, una canción

Como parte de este proyecto nació la canción original “Cuba y Perú”, producida en 2022.

La composición busca celebrar la amistad entre ambas culturas y mostrar las conexiones musicales que existen entre sus tradiciones.

El proyecto no pretende simplemente comparar la música cubana con la peruana. Su propósito es encontrar los puntos de encuentro: los ritmos, la percusión, las raíces africanas, las historias de migración y las formas en que diferentes comunidades han utilizado la música para preservar su identidad.

Para Angelo, ese intercambio representa una nueva etapa de su carrera.

Aquel joven que alguna vez pensó que debía convertirse en un rockero para encajar terminó descubriendo que su mayor riqueza artística estaba precisamente en aquello que había dejado atrás: sus raíces.

Una carrera construida con sacrificio

La historia de Angelo Salazar también refleja una realidad que muchos artistas conocen bien: vivir de la creatividad no siempre es fácil.

A lo largo de su carrera ha tenido que combinar su pasión por la música con trabajos de tiempo completo y otras responsabilidades. Mantener una carrera artística exige sacrificio, disciplina y, sobre todo, perseverancia.

Pero cada etapa de su vida parece haber contribuido a formar al músico que es hoy.

El rock le enseñó disciplina y técnica. La guitarra clásica le aportó conocimiento musical. El folklore le permitió recuperar sus raíces. La música afroperuana le abrió una puerta hacia la historia. Y la música cubana terminó convirtiéndose en un puente hacia una nueva dimensión cultural.

Una historia que continúa

Hoy, Angelo Salazar continúa trabajando en “Intercambio Cultural Cuba y Perú”, utilizando plataformas como YouTube, Instagram y Facebook para compartir su música y sus experiencias.

Su historia demuestra que la identidad cultural no siempre se encuentra de inmediato. A veces hay que alejarse de las raíces para comprender su verdadero valor.

Para Angelo, todo comenzó con una pregunta de su abuelo y un ritmo que no conocía: el tundete.

Aquel sencillo “tundete, tundete, tundete” terminó llevándolo de la guitarra eléctrica y el heavy metal hacia la guitarra clásica, el folklore peruano, la tradición afroperuana y, finalmente, hasta Matanzas, donde un cajón tocado frente a una puerta ayudó a iniciar un nuevo capítulo.

De Perú a Estados Unidos, y de Perú a Cuba, la música se convirtió para Angelo Salazar en el camino para reencontrarse con sus raíces y, al mismo tiempo, construir nuevos puentes entre culturas.

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