Spires Restaurant: una despedida a los sabores, las amistades y los recuerdos de Long Beach
Por Germán Ángel | LABest.com
Long Beach, California | Octubre de 2026
Ante el anunciado cierre de la sucursal ubicada en 1935 E. Del Amo Boulevard, previsto para el 1 de noviembre de 2026 —fecha que debe confirmarse directamente con la administración—, quiero compartir una historia personal y rendir homenaje a quienes hicieron de Spires mucho más que un restaurante.
Una historia que comenzó en 1965
Sus edificios, algunos reconocibles por su arquitectura octagonal, llegaron a formar parte del paisaje de distintas comunidades. En 1986, Los Angeles Times documentó cambios en el diseño arquitectónico de la cadena, reflejo de una empresa que evolucionaba con los años.
Pero la historia de Spires no se cuenta solamente a través de sus edificios o de su expansión. También se cuenta a través de las personas que cruzaron sus puertas, de los trabajadores que prepararon sus comidas y de los clientes que regresaron durante años.
Una historia personal que continúa en la memoria
Había una razón especial para regresar: Raúl, un cocinero cuyo trabajo siempre admiré.
Cuando aquella sucursal cerró en enero de 2019, continué visitando Spires en Del Amo Boulevard porque Raúl también trabajaba allí. Así, una etapa terminó, pero otra continuó.
El cierre de Lakewood y Willow fue una despedida significativa para muchos residentes. Long Beach Post y Beachcomber documentaron el cariño de los clientes habituales y las historias compartidas durante los últimos días de aquel establecimiento.
Hoy, al recordar esa experiencia, resulta evidente que los restaurantes también forman parte de la memoria colectiva de una ciudad.
Raúl y el sabor de una carne inolvidable
Preparaba la carne de una manera extraordinaria. El sabor, la preparación y el punto que conseguía darle hacían que cada plato fuera memorable. Para mí, tenía una habilidad excepcional para lograr ese sabor particular que todavía recuerdo.
Nuestra relación era la de un cliente habitual y un cocinero al que yo apreciaba por su trabajo. No hacía falta una amistad íntima para reconocer el talento de una persona y valorar la dedicación que ponía en lo que hacía.
Detrás de cada plato hay alguien que trabaja, aprende y procura que el cliente regrese satisfecho. Por eso, este homenaje también es para Raúl y para todos los trabajadores de cocina que contribuyeron a la experiencia de Spires.
Leo Brito y los recuerdos de la cocina
En la cocina de Spires también estaba Leo Brito, el chef y compañero de Raúl. A través de una ventana que conectaba visualmente la cocina con el área del restaurante, podía observar parte del trabajo que realizaban.
Recuerdo un detalle muy particular de aquella cocina: tenían un timbre que utilizaban para avisarles a los meseros cuando una orden estaba lista para servirse. Desde mi lugar, podía observar cómo se coordinaba el trabajo entre la cocina y el personal que atendía las mesas.
Para mí, aquella ubicación era ideal porque me permitía ver, a través de esa ventana, una parte del esfuerzo que había detrás de cada plato. No solo disfrutaba de la comida; también podía apreciar el trabajo de las personas que la preparaban y la coordinación necesaria para atender a los clientes.
Leo y Raúl forman parte de esos recuerdos. Su trabajo y la dinámica de la cocina contribuyeron a que Spires se convirtiera en un lugar al que me gustaba regresar.
Adelfo Brito, identificado como propietario de Spires en una placa conmemorativa, es otra figura importante en esta historia. Tuve la oportunidad de conversar con él en diferentes ocasiones, y esos encuentros forman parte de mis recuerdos del restaurante.
Mantener un negocio durante años requiere trabajo, constancia y capacidad para afrontar los cambios. Detrás de cada restaurante hay decisiones, responsabilidades y personas que se esfuerzan para mantener las puertas abiertas.
Esta nota reconoce a Adelfo y a quienes contribuyeron al desarrollo y funcionamiento de Spires a lo largo de su trayectoria.
Liliana Brito: una historia familiar
La historia de Spires también está ligada a la familia Brito. Liliana Brito, hija de Adelfo y trabajadora social, trabajó en el restaurante durante sus años de escuela secundaria.
Su experiencia representa una faceta familiar de estos negocios: lugares donde las nuevas generaciones pueden aprender sobre responsabilidad, servicio al público y el esfuerzo diario que requiere sacar adelante una empresa.
Esas vivencias también forman parte de la historia que merece ser recordada.
Sonia Ocampo y las personas que daban la bienvenida
Entre las personas con las que conversé durante mis visitas está Sonia Ocampo, una de las meseras con las que más intercambié palabras.
Los trabajadores que atienden las mesas suelen convertirse en rostros familiares para los clientes habituales. Conocen las rutinas, recuerdan las preferencias y, muchas veces, comparten pequeñas conversaciones que hacen más agradable la visita.
Quiero reconocer a Sonia y a todos los trabajadores que, desde el comedor hasta la cocina, contribuyeron a que los clientes se sintieran bien recibidos.
En mis anotaciones aparecen también los nombres de María López, Plácido Suntang, Ariovalda Darocha, Adelfo Brito, José Benítez, Carlos Bautista, María G. Regalado, Leoncio Brito, Raúl Páez, María Barba, Elizabeth Montelongo, Álvaro Arteaga, Isabel Rodríguez, Carlos Anel, Roberto Flores, Sonia Ocampo, Aylin Salgado, Elsie, Dimas Rodríguez y Sebastián Brito.
Esta relación se comparte como un reconocimiento a las personas vinculadas con el restaurante. La ortografía de algunos nombres y sus funciones específicas deben confirmarse antes de la publicación definitiva.
Cada persona que trabajó allí contribuyó, de alguna manera, a construir la experiencia que los clientes recuerdan.
Una despedida que forma parte de la historia de Long Beach
En enero de 2019, la sucursal de Lakewood Boulevard y Willow Street cerró sus puertas. La cobertura de Long Beach Post describió una última noche en la que clientes habituales regresaron para despedirse y compartir recuerdos. Beachcomber también relató el vínculo que muchos residentes mantenían con aquel lugar.
Aquella experiencia mostró que el cierre de un restaurante tradicional puede significar mucho más que el final de una actividad comercial. Para algunas personas, se trata de perder un lugar de encuentro; para otras, de despedirse de una costumbre que acompañó distintas etapas de su vida.
Si se confirma el cierre de la sucursal de Del Amo Boulevard, será otra oportunidad para que la comunidad recuerde y reconozca la historia de Spires en Long Beach.
Los recuerdos permanecen
Cuando pienso en Spires, recuerdo a Raúl y su manera de preparar la carne; a Leo Brito trabajando en la cocina; las conversaciones con Adelfo Brito; los intercambios con Sonia Ocampo; la historia familiar de los Brito y a todos los trabajadores que formaron parte de la vida diaria del restaurante.
También pienso en los clientes que ocuparon esas mesas durante años, en las conversaciones que compartieron y en las pequeñas rutinas que hicieron de Spires un lugar familiar.
Los restaurantes pueden cerrar sus puertas, pero las experiencias que vivimos en ellos permanecen. Viven en las fotografías, en las historias que contamos y en los sabores que todavía podemos recordar.
Este reportaje es un homenaje a Spires Restaurant, a sus trabajadores, a su propietario y a la comunidad de Long Beach. Es también un reconocimiento a todos esos negocios familiares que, con el paso del tiempo, se convierten en parte de la identidad de una ciudad.
Gracias a quienes cocinaron, atendieron las mesas, administraron el restaurante y regresaron como clientes durante tantos años. La historia de Spires también es la historia de ustedes.
Germán Ángel
LABest.com
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